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María Inmaculada Gortázar

Imputabilidad y trastornos de la personalidad

Ortega decía que “ciencia es aquello sobre lo cual cabe siempre discusión”. Entre las principales situaciones de índole penal en las que se ven implicados los actos de las personas y sus correspondientes consecuencias está, entre otras, si la persona es responsable de sus actos y en su caso la medida en que los trastornos mentales disminuyen esa responsabilidad.

La ley exige que para que un acto sea legalmente punible, el sujeto debe ser responsable directo del acto. Es a esto a lo que llamamos imputabilidad, concepto que tiene una base psicológica y comprende de éste modo el conjunto de facultades psíquicas mínimas que debe poseer un sujeto autor de un delito para que pueda ser declarado culpable del mismo. De éste modo desde la redacción del primer Código Penal español se admite la posibilidad de eximir de responsabilidad penal a los individuos que presentan ciertas alteraciones mentales en el momento de cometer el acto delictivo.

En las alteraciones conocidas como trastornos de personalidad, la imputabilidad es muy debatida ya que en sentido estrictamente jurídico estos sujetos tienen total conocimiento de la ilicitud de sus acciones y voluntad clara de infringir la norma legal. Entra pues a discursión éste asunto, puesto que algunos autores y la mayoría de los jueces sostiene ésta postura mientras que por otro lado otros autores sostienen que en éstos casos está mermada la voluntad abogando por la existencia de semiimputabilidad.

La jurisprudencia española ha reconocido que los requisitos para aplicar el eximente, contemplado en el artículo 20 del actual Código Penal, deben basarse en cuatro criterios: La naturaleza de la perturbación, la intensidad y grado de la perturbación, la duración del trastorno y permanencia del mismo y la relación de causalidad entre el trastorno psíquico y el hecho delictivo en sí mismo.

De éste modo, los trastornos de la personalidad por sí mismos no son causa necesaria de ninguna infracción penal, puesto que ésta puede ser cometida en ausencia de aquel. Tampoco son causa suficiente pues no todos los sujetos con estos trastornos son autores de ella. Sin embargo, la probabilidad de que se cometa un delito en un sujeto con uno de éstos trastornos es mayor. Por ello las causas de un delito cometido por un sujeto con un trastorno de personalidad deben ser buscadas en la interacción de la estructura de la personalidad del sujeto con los múltiples factores ambientales que le rodean, de éste modo podremos establecer el nexo de causalidad entre una conducta antinormativa y el trastorno mental del imputado.

Dentro de este contexto cultural, podría decirse que el actual Código Penal deja abierta la consideración de que todas las alteraciones o trastornos de la personalidad puedan ser considerados como posible causa de exención de la responsabilidad, pudiendo llegar a la inimputabilidad o a la imputabilidad disminuida, siempre que se dé la no comprensión de la ilicitud del hecho en cuestión o la imposibilidad de actuar de acuerdo a esa comprensión. Asimismo, el criterio de la doctrina jurisprudencial en relación a los trastornos de personalidad es que en éstos, si no existen otras patologías mentales asociadas, no suele haber alteraciones cognitivas de suficiente intensidad como para anular la imputabilidad del sujeto con dicho trastorno.

De ésta manera, el Tribunal Supremo considera a los trastornos de personalidad como eximente incompleta cuando vienen asociados a otros factores, como atenuante o como circunstancia irrelevante.

En algunos estudios realizados en el Tribunal Supremo, que contenían la expresión de trastorno de personalidad, seleccionando los que establecían como hecho probado la existencia del trastorno según criterios establecidos por el DSM-IV o Manual Diagnóstico en el sujeto juzgado y su relación con el hecho delictivo se ha visto que en los diferentes informes periciales con frecuencia se entremezclan en un mismo caso conceptos teóricamente no asimilables o sin relación aparente con los criterios necesarios para llegar a la decisión de imputabilidad. Además, se han encontrado con relación del trastorno de la personalidad con el tipo delictivo casos del Tribunal Supremo donde se afirma que el tipo de delito más frecuente entre los sujetos con éstas alteraciones está relacionado con la violencia contra las personas, siendo también más elevado el porcentaje de delitos sexuales.En cuanto a la relación entre imputabilidad y trastorno de la personalidad; el mayor porcentaje de recursos eran en relación con la eximente incompleta, siendo desestimada en más del 70%.de los casos estudiados Se ha visto también que no aparecen otras alternativas además de la adopción de medidas terapéuticas, en especial el ingreso hospitalario para los sujetos imputados.

Dada la elevada comorbilidad de los trastornos de la personalidad con trastornos afectivos, ansiosos, abuso o dependencia a sustancias, trastornos psicóticos, etc, se plantea la necesidad de una valoración muy cuidadosa de cada caso.

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