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María Inmaculada Gortázar

¿QUÉ ES ESO DE LA SOMATIZACIÓN?

Mi hijo no deja de quejarse de dolor de estómago, llora por las noches, le cuesta comer e incluso le veo el estómago inflamado. Hemos ido al médico en varias ocasiones y nos mandan al psicólogo diciendo que no hay nada, que ¡son nervios! ¿qué está pasando?.

Una persona sufre somatizaciones cuando presenta uno o más síntomas físicos y tras un examen médico, éstos síntomas no pueden ser explicados por una enfermedad médica. Además, pese a que la persona pueda padecer una enfermedad, tales síntomas y sus consecuencias son excesivos en comparación con lo que cabría esperar. Todo ello causa a la persona que sufre estas molestias un gran malestar en distintos ámbitos de su vida.

Lo más común es que, por ejemplo, en el sistema nervioso pueden provocar dolores de cabeza, mareos, vértigos, desmayos, hormigueos, parálisis musculares, etc. En nuestros sentidos pueden llegar a provocarnos ceguera, visión doble, afonía, etc. En el sistema circulatorio producen palpitaciones y taquicardias, en el sistema respiratorio pueden causar sensación de ahogo, dolor u opresión en el pecho, etc. En el sistema digestivo pueden producir sequedad de boca, sensación de atragantamiento, náuseas, vómitos, estreñimiento, diarrea, etc. Y en el sistema osteomuscular es común que provoquen tensión muscular, dolor muscular, cansancio, etc.

Si nos acercamos a los datos, sorprende ver como los síntomas más comunes rondan el 71% de dolor de espalda, 65% de mareos y vértigos, el 60% de dolor en extremidades (brazos y piernas) seguidos de una larga lista de posibles partes del cuerpo que están más sujetas a sufrir dolores por somatización.

Muchas enfermedades médicas están estrechamente relacionadas con el estrés. Entre ellas encontramos: la hipertensión, distintas enfermedades coronarias, el asma, la gripe, el hiper y el hipotiroidismo, las úlceras de estómago, el síndrome del intestino irritable, Cefaleas, el dolor crónico, contracturas musculares, etc

Esto sucede porque nuestros emociones influyen en nuestro cuerpo, al igual que éste influye en nuestras emociones. La ansiedad, el estrés y la depresión actúan sobre distintas hormonas, provocando cambios en nuestro organismo, que nos hacen más sensibles al dolor e influyen en distintas enfermedades. Un ejemplo sería que se ha demostrado que las personas que padecen depresión presentan una debilitación del sistema inmunológico o de defensa, con lo que pueden enfermar con más facilidad o bien les puede ser más difícil recuperarse de ciertas enfermedades. No es raro que las personas que se encuentran en esta situación, frecuentemente, no creen tener un problema psicológico, y continúan acudiendo de médico en médico para encontrar una respuesta física. Sin embargo, cuando se indaga un poco en su rutina diaria, éstas personas tienden a darse cuenta de que hay algo en sus vidas que les crea malestar o ansiedad. No se trata de tener un trauma infantil ni nada por el estilo, simplemente, hay ocasiones en las que algo nos supera y no sabemos cómo hacerle frente o bien llevamos un ritmo de vida demasiado acelerado como para que nuestro cuerpo no se resienta.

No hay que subestimar la capacidad de las personas de recuperarse de aquello que les hace sufrir o les produce malestar. Estamos llenos de recursos como es el apoyarnos en personas que nos escuchen y nos entiendan, adquirir hábitos saludables de descanso, alimentación, higiene, tiempo de ocio, etc. Tratar de objetivizar al máximo las dificultades, empezar a “pillarnos” cuando sentimos que la cabeza funciona demasiado rápido entre otras, son distintas estrategias que nos pueden ayudar a enfrentar nuestro día a día. En caso de que la situación nos empiece a quedar grande, siempre podemos acudir en la ayuda de un profesional que nos enseñe más técnicas y más específicas que nos puedan ayudar a mejorar, como por ejemplo otorgar estrategias para afrontar los elementos estresantes de nuestro alrededor, pautas para identificar cuando estamos somatizando, técnicas de relajación, entrenamiento en habilidades sociales, aprender a reestructurar los pensamientos que no nos son útiles para la vida diaria, otorgarnos pautas para establecer rutinas saludables, entre otras muchas.

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